
Sacramentos y ceremonias
La vida sacramental de la Iglesia es su corazón y alma. Entramos en la verdadera vida a través de los sacramentos de la Iglesia, y son estos los que nos sostienen en nuestro camino hacia el Señor. San Pablo, en su carta a los Filipenses, dice: «Vivir es Cristo». Nuestra vida misma depende de Cristo y de nuestra entrega a él. El Catecismo Católico describe los sacramentos como las «obras maestras de Dios». Su función es santificarnos, edificarnos como Cuerpo de Cristo y ayudarnos a alabar a Dios.
La puerta a la vida con Cristo se abre en el Bautismo, que nos hace miembros del Cuerpo de Cristo. Y como dice San Pablo, al ser bautizados no solo somos miembros de su Cuerpo, sino que tenemos una responsabilidad hacia los miembros del Cuerpo. En otras palabras, el bautismo no es un sacramento aislado, sino una puerta que nos incorpora a la vida con Dios y entre nosotros.
Así, los sacramentos son el camino hacia Dios y cada sacramento nos invita a participar para que podamos conocer la plenitud del amor de Dios. Los requisitos que se enumeran a continuación son mínimos y debemos considerarlos como lo mínimo requerido; el gran requisito es entregarnos al Señor.











